Quintín Durward
Quintín Durward En este punto de la conversación fueron interrumpidos por el sacristán, quien, con voz que reflejaba espanto, acusó al gitano de haber practicado malas acciones entre los hermanos jóvenes (novicios). Había añadido a su colación nocturna copas de un pesado y fuerte cordial diez veces más nocivo que el vino más fuerte, y bajo el cual varios de la hermandad habían sucumbido; y debía ser cierto, pues aunque el sacristán había podido resistir su influencia, se podía observar, por su discurso y tono afectadísimo, que también el acusador estaba bajo la influencia de esa endemoniada bebida. Además, el gitano había cantado canciones mundanas y obscenas; se había burlado del cordón de San Francisco, y chanceado de sus milagros, y llamado a los novicios jóvenes tontos y perezosos. Por último, había adivinado y dicho al padre Querubín que era amado por una bella dama, quien le haría padre de un hermoso muchacho.
El padre prior escuchó estos lamentos por algún tiempo en silencio, y se llenó de horror al oír tan enormes atrocidades. Cuando el sacristán hubo concluido, se levantó y bajó al patio del convento y ordenó a los legos, bajo pena de las peores consecuencias en caso de desobediencia, que pegasen y expulsasen a Hayraddin fuera de los recintos sagrados con los palos de las escobas y los látigos.