QuintÃn Durward
QuintÃn Durward QuintÃn replicó que las damas estaban determinadas a observar todas las estaciones santas, y visitarÃan seguramente ésta de la Cruz a la ida o al regreso de Colonia; pero habÃan tenido noticia de que el camino del lado derecho del rÃo se encontraba al presente lleno de peligros por estar ocupado por los soldados del feroz Guillermo de la Marck.
—¡Dios nos coja confesados! —dijo el padre Francisco—. ¿Será posible que el Jabalà salvaje de las Ardenas haya situado su cubil tan cerca de nosotros? Sin embargo, el caudaloso Maes puede ser una buena barrera entre nosotros si tenemos esa suerte.
—Pero no habrá barrera entre mis damas y el merodeador si cruzamos el rÃo o caminamos por la orilla derecha —respondió el escocés.