QuintÃn Durward
QuintÃn Durward La ciudad
¡Buenos amigos, bondadosos amigos, no me dejéis excitaros
a ningún acto repentino de rebeldÃa!
Julio César.
Separado de lady Isabel, cuyas miradas habÃan sido durante tantos dÃas la estrella que le guiaba, QuintÃn sintió un extraño vacÃo y frialdad en el corazón, el cual no habÃa experimentado aún en ninguna de las vicisitudes por las que su vida habÃa atravesado. Que la intimidad y las inevitables conversaciones hubiesen cesado entre ellos era la necesaria consecuencia de haber llegado la condesa a una residencia fija, porque ¿con qué pretexto podrÃa ella cometer la incorrección de tener a su lado a un joven caballero como QuintÃn que la atendiese constantemente?