QuintÃn Durward
QuintÃn Durward La esquela
Márchate; gozarás de prosperidad, si lo deseas.
Si no, sigue siendo modelo de criados,
no apto para ser favorecido por la suerte.
Duodécima noche.
Cuando hubieron terminado de comer, el capellán, quien parecÃa haberle tomado a QuintÃn algún afecto, o que deseaba saber por él más informes concernientes al motÃn de la mañana, le llevó a un salón apartado, las ventanas del cual daban por un lado al jardÃn; y al observar que su compañero escudriñaba con avidez el mismo, propuso a QuintÃn bajar a él para ver los curiosos arbustos de otras tierras, con los que el obispo habÃa enriquecido los parterres. QuintÃn se excusó de entrar, y además le comunicó la orden que habÃa recibido aquella mañana. El capellán sonrióse y dijo: