QuintÃn Durward
QuintÃn Durward A imitación de los grandes feudatarios, cada vasallo inferior de la corona se revestÃa de tanta independencia como su distancia del poder soberano, la extensión de su feudo o la fortaleza de su castillo le permitÃan adoptar; y estos tiranuelos, que se burlaban del imperio de la ley, perpetraban con impunidad los más salvajes excesos de opresión fantástica y crueldad. Sólo en Auvernia se hizo un cómputo de más de trescientos de estos nobles independientes, para los que el incesto, el asesinato y la rapiña eran las acciones más corrientes y familiares.
Aparte de estos peligros, otro, que provenÃa de las guerras prolongadas entre Francia o Inglaterra, añadÃa no poca miseria al quebrantado reino. Numerosos conjuntos de soldados, agrupados en bandas, bajo el mando de oficiales escogidos por ellos mismos entre los más bravos y afortunados aventureros, se habÃan formado en varias partes de Francia con la repulsa de las demás regiones. Estos combatientes mercenarios vendÃan su espada durante cierto tiempo al mejor postor; y cuando no lograban ese servicio, hacÃan la guerra por su cuenta, apoderándose de castillos y torres, que utilizaban como sitios de su retirada; haciendo prisioneros y rescatándoles, imponiendo tributos en villas indefensas y en el paÃs alrededor de las mismas, y logrando, con toda clase de rapiñas, los epÃtetos apropiados de Tondeurs y Ecorcheurs; esto es: Esquiladores y Desolladores.
