Quintín Durward
Quintín Durward A medida que se aproximaban al hall, las aclamaciones y explosiones de carcajadas salvajes, que procedían del mismo, parecían más bien anunciar una francachela de demonios alegres celebrando algún triunfo conseguido sobre la raza humana, que de seres mortales, que han logrado realizar un plan atrevido. El aparente valor de la condesa Isabel era sostenido sólo por la desesperación; el de Durward era el característico de los espíritus enérgicos que se crecen en los casos extremos, mientras Pavillon y su teniente hacían de la virtud una necesidad y hacían frente a su sino como animales acorralados que tienen que jugarse el todo por el todo para salvarse.