QuintÃn Durward
QuintÃn Durward La francachela
Cade.— ¿Dónde está Dick, el carnicero de Ashford?
Dick.— AquÃ, señor.
Cade.— Cayeron ante ti como ovejas y
bueyes, y te comportaste como
si hubieras estado en tu propio matadero.
El Rey Enrique VI (segunda parte).
Apenas puede concebirse un cambio más extraño y horrible que el que habÃa tenido lugar en el hall del castillo de Schonwaldt desde que QuintÃn habÃa participado en el de la comida del medio dÃa. Este cambio expresaba, con sus rasgos extremos, las miserias de la guerra —más especialmente cuando era sostenida por los agentes más implacables, los soldados mercenarios de una edad bárbara, hombres quienes por hábito y profesión se habÃan familiarizado con todo lo que era cruel y sanguinario en el arte de la guerra, a la vez que estaban desprovistos de patriotismo y del espÃritu romántico de caballerÃa—.