Quintín Durward

Quintín Durward

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Capítulo XXII

La francachela

Cade.— ¿Dónde está Dick, el carnicero de Ashford?

Dick.— Aquí, señor.

Cade.— Cayeron ante ti como ovejas y

bueyes, y te comportaste como

si hubieras estado en tu propio matadero.

El Rey Enrique VI (segunda parte).

Apenas puede concebirse un cambio más extraño y horrible que el que había tenido lugar en el hall del castillo de Schonwaldt desde que Quintín había participado en el de la comida del medio día. Este cambio expresaba, con sus rasgos extremos, las miserias de la guerra —más especialmente cuando era sostenida por los agentes más implacables, los soldados mercenarios de una edad bárbara, hombres quienes por hábito y profesión se habían familiarizado con todo lo que era cruel y sanguinario en el arte de la guerra, a la vez que estaban desprovistos de patriotismo y del espíritu romántico de caballería—.


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