QuintÃn Durward
QuintÃn Durward —Entonces le diré —prosiguió el burgomaestre— que sólo tengo una palabra que decir, y es que Trudchen, que siente tanto tener que separarse de la joven dama, como si hubiese sido su hermana, desearÃa de usted que adoptase algún disfraz, pues se dice por la ciudad que las damas de Croye viajan por el paÃs en traje de peregrinas, acompañada por un guardia de los arqueros escoceses del rey Luis; y también se dice que una de ellas fue traÃda a Schonwaldt la última noche por un bohemio, después que nosotros salimos de allÃ, y se añade, además, que este mismo bohemio ha asegurado a Guillermo de la Marck que usted no tenÃa que entregar mensaje ninguno ni a él ni al buen pueblo de Lieja, y que usted ha robado a la joven condesa y viajado con ella en calidad de amante suyo. Todas estas noticias han llegado esta mañana de Schonwaldt, y se nos ha dicho a mà y a otros consejeros, que no saben bien qué aconsejar, pues aunque nuestra opinión es que Guillermo de la Marck se ha comportado muy bruscamente con el obispo y con nosotros, se cree por muchos que, en el fondo, tiene buen corazón, cuando no está borracho, y que es el único caudillo en el mundo capaz de mandarnos contra el duque de Borgoña; y en realidad, tal como están los asuntos, yo mismo opino que debemos estar en buena armonÃa con él, pues hemos avanzado mucho para retroceder.