QuintÃn Durward
QuintÃn Durward —¡Ninguna, ninguna; sólo que es una elección bien rara! Un barbero alcahuete, un escocés cortacabezas alquilado, un jefe de verdugos y dos de sus ayudantes y un charlatán rapaz. Le acompañaré, Crèvecoeur y tomaré una lección en los grados de bellaquerÃa, observando vuestra habilidad para dirigirlos. El mismo diablo apenas podÃa haber soñado semejante sÃnodo o haber actuado de mejor presidente entre ellos.
Conforme a lo dicho, el bufón, que gozaba de todas las libertades, cogió familiarmente el brazo del conde, marchando con él, mientras, bajo una fuerte guardia, que no olvidaba, sin embargo, guardar apariencias de respeto, condujo al rey a su nuevo alojamiento[67].