QuintÃn Durward
QuintÃn Durward —También el de devolver las insignias del pueblo, que arrebató violentamente de la ciudad, hasta el número de treinta y seis; el restaurar las brechas en las murallas, y reconstruir las fortificaciones que tiránicamente desmantelasteis, y reconocer a mi amo, Guillermo de la Marck, como prÃncipe obispo, legalmente elegido en un CapÃtulo libre de canónigos, del que muestro el proceso verbal.
—¿Has concluido? —dijo el duque.
—Aun no —replicó el enviado—; tengo que requerir a su alteza, de parte del mencionado noble y venerable prÃncipe, obispo y conde, para que retire, desde luego, las guarniciones del castillo de Bracquemont y de otras plazas fuertes pertenecientes al condado de Croye, las que han sido colocadas allÃ, bien en nombre de su alteza o en el de Isabel, que se titula condesa de Croye, hasta que se decida por la Dieta imperial si los feudos en cuestión no han de pertenecer más bien a la hermana del difunto conde, mi respetada lady Hameline, que a su hija, en respeto del jus emphyteusis[79].
—Tu señor es muy erudito —replicó el duque.
—No obstante —continuó el heraldo—, el noble y venerable prÃncipe y conde está decidido, una vez liquidados los motivos de disputa entre Borgoña y Lieja, a asignar a lady Isabel una dote en consonancia con su rango.