QuintÃn Durward
QuintÃn Durward —Eso es más —dijo el duque— de lo que es necesario o puede ser aconsejable. La presencia de tu Guardia escocesa y de doscientas lanzas escogidas servirÃan para demostrar que estás libre. Un gran ejército podÃa…
—¿Hacer que lo fuera de hecho, quieres decir, mi querido primo? —dijo el rey—. Bien; tú decidirás el número de mis acompañantes.
—Y para liquidar de una vez la cuestión: ¿accederás a la boda de la condesa Isabel de Croye con el duque de Orleáns?
—Querido primo —dijo el rey—, apuras los lÃmites de mi cortesÃa. El duque es el novio prometido de mi hija Juana. Sé generoso; deja esta cuestión, y hablemos más bien de las poblaciones del Somme.
—Mi consejo te hablará de este extremo —dijo Carlos—. Por mi parte, me interesa más la reparación de las injurias que la adquisición de territorios. Te has entrometido con mis vasallos, y debes dar una reparación dentro del seno de tu familia; de otro modo, nuestra conferencia queda interrumpida.