Quintín Durward
Quintín Durward La ejecución
Te llevaré al buen bosque verde,
para que tu propia mano escoja el árbol.
Vieja balada.
—¡Que Dios sea alabado por habernos dado la facultad de reír y hacer reír a otros, y maldito sea el hombre vil que hace mofa del oficio de bufón! La broma de ahora, que no ha tenido nada de particular, aunque ha divertido a dos príncipes, ha valido más que mil razones de Estado para evitar una guerra entre Francia y Borgoña.
Tal fue la deducción de Le Glorieux cuando, como consecuencia de la reconciliación cuyos detalles hemos dado en el último capítulo, la guardia borgoñesa fue suprimida del castillo de Peronne; la morada del rey, trasladada de la ignominiosa torre del conde Heriberto; y para gran alborozo de franceses y borgoñeses, una demostración visible de confianza y amistad pareció establecerse entre el duque Carlos y su señor soberano. Este último, aunque tratado con arreglo a ceremonial, sabía de sobra que continuaba siendo persona sospechosa, aunque prudentemente aparentaba no percatarse de ello y afectaba estar del todo tranquilo.