Robin Hood
Robin Hood —Mi buen tÃo —gritó el joven conduciendo de la mano a Mariana hacia un sillón en el que se sentaba el venerable sir Guy de Gamwell—, os pido hospitalidad para esta hermosa y noble señorita. Gracias a la providencia, de la que no he sido más que un indigno instrumento, acaba de escapar a la furia de un infame «outlaw».
Los seis primos de Pequeño Juan admiraban a Mariana con la boca abierta, mientras que las dos hijas de sir Guy se adelantaban con un apresuramiento lleno de gracia hacia la viajera.
—¡Bravo! —decÃa el patriarca del «hall»—. ¡Bravo, Pequeño Juan!, ya nos contarás como actuaste para no asustar a esta joven al acercarte a ella en plena noche y en medio del bosque, y cómo le inspiraste confianza para que se decidiera a seguirte sin conocerte y nos hiciera el honor de venir a acogerse bajo nuestro techo. Noble y hermosa señorita, parecéis apenada y cansada. ¡Bien! Sentaos aquÃ, entre mi esposa y yo; un poco de vino generoso os devolverá vuestras fuerzas; mis hijas os conducirán inmediatamente a un buen lecho.
Esperaron a que Mariana se retirase a su alcoba para pedir a Pequeño Juan un relato detallado de sus aventuras de la noche, y Pequeño Juan terminó su narración anunciando que iba a ponerse en camino hacia la casa de Gilbert Head.