Robin Hood

Robin Hood

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

"Una espantosa desgracia le ha ocurrido a la muchacha —pensó Gilbert—, y Lance, queriendo defenderla, sucumbió en la lucha. ¡Vamos, vamos! —murmuraba el guarda acariciando con ternura al fiel animal—, ¡anda! mi pobre amigo, ¿dónde estás herido? ¿en el vientre? no. ¿En el lomo? ¿en las patas? No, no. ¡Ah! ¡en la cabeza! El bandido quiso partirte el cráneo… ¡No es nada! no nos moriremos. Mucha sangre has perdido, pero aún te queda… El corazón marcha, sí, noto cómo late, y no se bate en retirada".

Gilbert, como todos los campesinos, conocía las virtudes medicinales de ciertas plantas; así pues se apresuró a recoger algunas en los claros cercanos, donde la oscuridad luchaba con los primeros rayos de la luna, y, tras haberlas machacado con dos piedras, las colocó sobre la herida de Lance sujetándolas con ayuda de una compresa improvisada con un trozo de su zamarra de piel de cabra.

—Debo dejarte, pobre viejo, pero estáte tranquilo: volveré a buscarte.

Hablando así a su perro, como hablaría a un hombre, el viejo guardabosque lo tomó entre sus brazos y lo llevó a otro sitio más apropiado. Hecho esto, acarició a su animal por última vez y prosiguió su camino en busca de Mariana.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker