Robin Hood
Robin Hood El hombre, medio soltándose, medio fatigado, vaciló y se dejó caer a lo largo del árbol hasta los pies de Gilbert.
—¿Encontraste esta tarde en el bosque a una joven vestida con un traje blanco?
Una terrible sonrisa deformó los labios del bandido.
—Comprendo, la has encontrado. Pero ¿qué veo? ¿Estás herido en la cabeza? SÃ, esa herida la han hecho los dientes de un perro. ¡Miserable! ¡voy a comprobarlo!
Y Gilbert arrancó con rapidez la venda ensangrentada que recubrÃa la herida; el hombre, desenmascarado, dejó ver un trozo de carne que caÃa sobre su cuello, y, loco de dolor, gritó sin imaginar que se estaba acusando:
—¿Cómo sabes que era un perro? ¡Estábamos solos!
—¿Y la joven? Habla miserable, habla o te mato.