Robin Hood
Robin Hood —Asà la roja figura del idiota de Will, al que apodan el Escarlata con tanta razón, se balancee colgada de la rama de un roble —murmuró Gilbert con mal humor—. Canta mi balada de una forma que nada tiene que ver con la letra. ¡Eh! maese Gamwell; ¡eh! William Gamwell, ¡no estropees asà la música y la poesÃa! ¡Eh! ¿qué diablos haces a estas horas en el bosque?
Reconociendo al guardabosques Will gritó:
—¡Buenas noticias, amigo mÃo, buenas noticias! La joven está a salvo en el «hall»; miss Bárbara y miss Vinifred cuidan de ella; Pequeño Juan la encontró en el bosque justo en el momento en que un «outlaw» le iba a jugar una mala pasada. ¿Pero estáis solo, Gilbert? ¿y RobÃn? ¿dónde está mi querido RobÃn Hood?
—¡TranquilÃzate, tranquilÃzate Will! RobÃn partió esta mañana hacia Nottingham; cuando dejé la casa no habÃa regresado aún.
—Qué pálido estáis, Gilbert —dijo otro personaje que no era sino Pequeño Juan—. ¿Qué tenéis? ¿Estáis enfermo?
—No; estoy apenado: mi cuñado murió hoy, y me he enterado de que… pero dejémoslo, no hablemos de ello. ¡Dios sea alabado!, miss Mariana está a salvo. Es a ella a quien buscaba en el bosque; juzgad mi aprensión, sobre todo después de haber encontrado hace un instante al mejor de mis perros, al pobre Lance, medio muerto.