Robin Hood
Robin Hood —Lance medio muerto, ese perro tan bueno, tan…
—SÃ, Lance, un animal de los que ya quedan pocos, la raza se ha extinguido.
—¿Quién lo ha hecho? ¿Quién cometió ese crimen? ¡Decidme dónde está el bellaco que le parto las costillas!
—Estáte tranquilo, hijo mÃo, ya vengué al viejo Lance.
—No importa, también yo quiero vengarle, ¿dónde está el miserable que es tan cobarde como para matar a un perro? Le voy a tomar las medidas con mi bastón. ¿Un «outlaw», verdad?
—SÃ, le dejé allá… por aquella parte… casi muerto, después de haberle tumbado a golpes de plano con mi daga.
A pocos pasos de su casa, Gilbert se detuvo para escuchar un ruido lúgubre que rompÃa el silencio, y exclamó estremecido:
—Es Lance; quizá su postrer grito de dolor.
—Valor, buen Gilbert, ya llegamos; la señora Margarita os espera en la puerta con una vela en las manos; ¡ánimo!
—Antes de regresar al «hall», podéis prestarme un gran servicio, hijos mÃos.
—Hablad, señor.
—Hay un muerto en mi casa, ayudadme a enterrarle.