Robin Hood
Robin Hood —Estamos a vuestras órdenes, buen Gilbert —contestó William—; tenemos buenos brazos y no nos asustan los muertos, los vivos ni los fantasmas.
Al frente, el padre Eldred orando, tras él Pequeño Juan y Lincoln llevando el cadáver en unas parihuelas, a continuación Margarita y Gilbert, éste conteniendo sus lágrimas para no provocar las de Margarita, y Margarita llorando bajo su capucha en silencio. Finalmente Will Escarlata. Tal era el orden del entierro que a media noche se dirigÃa hacia los dos árboles a los pies de los cuales iba a ser sepultado el asesino de Anita.
Gilbert y su mujer permanecieron arrodillados todo el tiempo que los fuertes brazos de Lincoln y de Pequeño Juan tardaron en cavar la fosa.
CaÃan las últimas paladas de tierra sobre el cadáver cuando, por tercera vez, los ladridos del perro resonaron en el bosque.
—¡Lance, mi pobre Lance, Lance, ahora vamos contigo! —exclamó el guardabosque—. No regresaré sin haberte auxiliado.