Robin Hood
Robin Hood —No los encontramos —dijo uno de los soldados.
El barón dijo a la muchacha en tono severo:
—Volved a vuestros aposentos, milady; y vosotros, montad a caballo y corred al camino de Mansfelwoohaus; seguramente los prisioneros tomaron ese camino y los atraparéis con facilidad; los quiero a cualquier precio ¿oÃs? ¡como sea!
Los soldados obedecieron; Christabel se alejaba cuando Maude entró en la capilla, corrió hacia su señora y, poniéndose un dedo en los labios, dijo a media voz:
—¡Salvados! ¡salvados!
La joven lady juntó piadosamente sus manos para dar gracias a Dios, y partió seguida de Maude.
—¡Deteneos! —gritó el barón, que habÃa oÃdo el cuchicheo de la doncella—. Señorita Hubert Lindsay, quisiera charlar un momento con vos. ¡Y bien! acercaos; ¿tenéis miedo de que os devore?
—Estáis tan furioso, tan encolerizado, que no me atrevo…
—Señorita Hubert Lindsay, sé de vuestra astucia y sé que no os asustáis de un fruncimiento de cejas. Sin embargo, si asà lo quisiera, os harÃa temblar realmente, y no estéis tan segura de que no lo vaya a hacer… Ahora, decidme: ¿quién se ha salvado?
¡He escuchado vuestras palabras, mi hermosa descarada!