Robin Hood
Robin Hood —SÃ, si le damos tiempo; dadme rápido otro papel cuya forma sea semejante a la del que os han arrebatado.
—Toma; esta hoja suelta se parece…
La audaz Maude entró en la cámara del barón en el preciso momento en que éste se disponÃa a escuchar a su venerable confesor, quien ya tenÃa entre sus manos para leerla la carta de Christabel a Allan.
—Señor —dijo vivamente Maude—, milady me envÃa a pediros el papel que Vuestra SeñorÃa cogió de su mesa.
Y diciendo esto, la joven se acercaba al confesor como una gata.
—¡Mi hija está loca, por san Dunstand! ¿Se atreve a enviarte con tal embajada?
—SÃ, señor, ¡y ya está cumplida! —Maude se apoderó del papel que el monje tenÃa junto a la punta de la nariz para descifrar mejor la escritura.
—¡Insolente! —vociferó el barón lanzándose en persecución de Maude.
La joven saltó como un cervatillo hasta la puerta, pero se dejó alcanzar en el umbral.
—¡Dame ese papel o te estrangulo!
Maude bajó la cabeza, pareció temblar de miedo, y el barón arrancó de uno de los bolsillos de su delantal, en el que tenÃa las dos manos, un papel muy parecido al que el confesor debÃa descifrar.