Robin Hood
Robin Hood —¡Mereces un par de bofetadas, maldita pécora! —dijo el barón amenazando con una mano a Maude y dando con la otra el papel al monje.
—No he hecho sino obedecer las órdenes de milady.
—¡Pues bien! Di a mi hija que sufrirá el castigo por tus insolencias.
—Saludo humildemente a Su SeñorÃa —replicó Maude acompañando sus palabras con una irónica reverencia.
Entusiasmada por el triunfo de su estratagema, la joven entró alegremente en la alcoba de su señora.
—Veamos, padre, ahora estamos tranquilos; leedme lo que mi indigna hija escribe al pagano de Allan Clare.
El monje comenzó con voz gangosa:
«Cuando el invierno menos riguroso permite que se abran las violetas,
Cuando las flores nacen y las campanillas anuncian la primavera,
Cuando tu corazón llama a las miradas dulces y a las dulces palabras,
Cuando sonrÃes de alegrÃa, ¿piensas en mÃ, amor mÃo?».
—¿Qué estáis leyendo, padre? —exclamó el barón—. Idioteces. ¡Condenación de Dios!
—Descifro palabra por palabra lo que hay en el papel, hijo mÃo; ¿queréis que prosiga?