Robin Hood
Robin Hood —Por supuesto, padre, pero muy agitada encontré a mi hija para no haber escrito más que una estúpida canción.
El monje continuó su lectura.
«Cuando caen la escarcha y la nieve,
¿Piensas en el que te ama, amor mÃo?».
—¡Amor mÃo, amor mÃo! —repitió el barón—. No es posible, Christabel no escribÃa esta canción cuando la sorprendÃ. ¡He sido engañado! ¡Pero por san Pedro! no será por mucho tiempo. Padre, quisiera estar solo; buenas tardes, buenas noches.
—Que la paz sea contigo, hijo mÃo —dijo el monje retirándose.
Dejemos al barón rumiar sus planes de venganza y volvamos junto a Christabel y la traviesa Maude.
La joven escribÃa a Allan que estaba dispuesta a dejar la casa de su padre, y que los proyectos del barón sobre su matrimonio con Tristán de Goldsborough hacÃan necesaria esta cruel determinación.
—Yo me encargo de hacer llegar esta carta al señor Allan —dijo Maude cogiendo la misiva; y con este propósito fue a despertar a un muchacho de unos dieciséis o diecisiete años, hermano suyo de leche.
—Halbert —le dijo—, ¿quieres prestarme un gran servicio, es decir, a lady Christabel?
—Con placer —respondió el chico.