Robin Hood
Robin Hood —¡Ya os he dicho que soy RobĂn Hood, el verdadero RobĂn Hood! —gritĂł el pupilo de Gilbert—. El joven que lleváis atado en ese caballo es uno de mis buenos amigos, pero no es más que un RobĂn Hood de contrabando.
—Entonces van a cambiar las tornas —dijo el sargento—, y para empezar tomarás el lugar de ese «gentleman» de pelo rojo.
Will, desatado, se abalanzĂł hacia RobĂn: los dos amigos se abrazaron efusivamente; luego Will desapareciĂł tras haber estrechado con fuerza la mano de RobĂn mientras le decĂa en voz baja:
—Cuenta conmigo.
Estas palabras eran sin duda alguna una respuesta a las que RobĂn le habĂa dirigido durante sus abrazos.
Los soldados ataron a RobĂn en el caballo y la tropa se dirigiĂł hacia el castillo.