Robin Hood
Robin Hood —Es la verdad, señor —respondió Lambic, que habÃa omitido por prudencia este episodio de su expedición por el bosque.
—¡Ven aquÃ, RobÃn! —gritó el barón con voz de trueno y dejándose caer en el sillón.
Los soldados empujaron a RobÃn acercándolo hasta el barón.
—¡Muy bien, joven bulldog! ¿Siempre ladras tan fuerte? Voy a decirte lo que ya te dije anteriormente; contestarás sinceramente a mis preguntas, de lo contrario ordenaré a mi gente que se encargue de ti, ¿entendido?
—Interrogadme —contestó RobÃn frÃamente.
—¿Dónde está? ¿Qué hace?
—¿De quién habláis, milord?
—Lo sabes muy bien, joven bellaco; hablo de Allan Clare, tu cómplice, tu amigo.
—Vi a Allan Clare anteayer por vez primera.
—¡Qué corrupción, gran Dios! ¡Los sinvergüenzas de hoy se atreven a mentirnos en nuestra cara! ¡Ya no hay buena fe ni respeto desde que los niños aprenden a descifrar libros! Mi propia hija sufre la influencia de este vicio; corresponde al miserable Allan Clare por medio de esas infernales cartas. ¡Pues bien! Ya que ignoras dónde se esconde ese miserable, ayúdame a adivinar dónde podrÃa encontrarle, a cambio te prometo la libertad.