Robin Hood
Robin Hood —No me preguntéis eso hoy; más tarde sabréis todo… Lady Christabel y yo pensábamos en liberaros… ¡Qué alegrÃa le dará cuando sepa que ya estáis a salvo! El señor Allan Clare ya recibió su carta. ¿Qué respuesta traéis?
—El señor Allan Clare no tuvo oportunidad ni de escribir ni de conferenciar conmigo, pero conozco sus intenciones, y quiero, con la ayuda de Dios y vuestro concurso, querida Maude, sacar del castillo a Christabel y conducirla junto a su prometido.
—Corro a avisar a milady —dijo Maude con viveza—; no tardaré mucho. Esperad aquà mi regreso; ven conmigo, Hal.
RobÃn, a solas, se sentó al borde del lecho de la joven, y pensó. La conducta de Maude, el furtivo beso que habÃa depositado en su mano al salir de la capilla, le extrañaban mucho. Pero a fuerza de pensar en ello, e intuitivamente, creyó adivinar lo que era el amor; también comprendió que era amor lo que Maude sentÃa por él, y se afligió, pues él no sentÃa nada por ella; sólo la encontraba bonita, graciosa, amable y llena de fidelidad.
El sonido de pasos fuertes y muy distintos de los de la ligera Maude llenó el pasillo; el ruido se acercaba a la habitación, y RobÃn apagó la luz al sonar el primer golpe en la puerta.