Robin Hood
Robin Hood —¡Qué yo he abrazado a extraños! ¡Yo! ¿Quién inventó esa calumnia?
—Gaspar Steinkoff.
—Gaspar Steinkoff miente, padre; pero no mentirÃa si os contara cuál fue mi cólera y mi indignación cuando tuvo la audacia de intentar seducirme.
—¡Se ha atrevido…! —exclamó Hubert enrojeciendo de cólera.
—SÃ, se ha atrevido —repitió enérgicamente la joven.
Luego, sumida en llanto, añadió:
—Me resistÃ, me escapé, y me amenazó con vengarse.
Hubert estrechó a su hija contra su pecho, y, tras algunos instantes de silencio, dijo con calma, con esa calma en el fondo de la que se adivina la sangre frÃa de una cólera implacable:
—¡Que Dios, si perdona a Gaspar Steinkoff, le conceda la paz en el otro mundo! Yo no tendré paz en éste hasta que no haya castigado esta infamia…
Y Hubert Lindsay volvió a su puesto.
—RobÃn —preguntó la joven—, ¿dónde estáis?
—Aquà —respondió RobÃn ya fuera de su escondite.
—Me habrÃa perdido si mi padre se llega a dar cuenta de vuestra presencia.