Robin Hood
Robin Hood —No, querida Maude —contestó el joven con candor admirable—. Yo habrÃa testimoniado vuestra inocencia. Pero decidme, ¿quién es ese Gaspar Steinkoff? ¿Le conozco?
—SÃ; vigilaba el calabozo la primera vez que fuisteis hecho prisionero.
—¿Es él entonces el que nos sorprendió cuando… hablábamos?
—El mismo —contestó Maude sin poder evitar el rubor.
—Seréis vengada; me acuerdo de su cara, y cuando le encuentre…
—No os ocupéis de ese hombre, no merece la pena; despreciadle como lo hago yo… Lady Christabel desea veros, pero antes de conduciros ante ella tengo algo que deciros, RobÃn… Soy muy desdichada… y…
Maude dejó de hablar, las lágrimas le ahogaban.
—¡Otra vez las lágrimas! —exclamó RobÃn afectuosamente—. ¡Oh! No lloréis asÃ. ¿Puedo ayudaros? ¿Puedo contribuir a vuestra felicidad? DecÃdmelo y me pondré en cuerpo y alma a vuestro servicio; no dudéis en confiarme vuestras penas; un hermano debe desvivirse por su hermana, y yo soy vuestro hermano.