Robin Hood

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—Sí, vengo a pedir a Dios por lady Christabel, que está muy enferma; dejadme orar, Gaspar Steinkoff.

"¡Vaya! —pensó Robín colocando silenciosamente una flecha en su arco—, es el calumniador…".

—Las oraciones luego, preciosa —contestó el soldado rozando con las manos el cuerpo de la joven—; no seas arisca y da a Gaspar un beso, dos besos, tres besos, muchos besos.

—¡Atrás, cobarde, insolente! —dijo Maude retrocediendo.

El soldado dio un nuevo paso hacia adelante y sujetó a la joven.

Maude se resistía enérgicamente y no dudaba de que Halbert y Robín acudirían en su ayuda, pero al mismo tiempo temía que el ruido de una lucha atrajese la atención de los soldados del puesto más cercano; así pues, se abstenía de gritar y decía al soldado:

—¡Serás castigado! —En este momento, una flecha disparada por una mano que jamás erraba el blanco, atravesó el cráneo del bandido, que cayó muerto sobre las losas del templo. Menos rápido que la flecha, Hal acudía para defender a su hermana, pero ya se había desvanecido murmurando:

—Gracias, Robín, gracias…


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