Robin Hood
Robin Hood —¿Vuestra hija, milord? Pero si yo no sé nada —contestó Hubert más sorprendido que asustado por la cólera de su señor.
—¡Impostor!
Hubert se soltó del barón y respondió fríamente:
—Milord, hacedme el honor de explicarme el motivo de vuestra extraña pregunta y responderé… Pero sabed bien, milord, que no soy más que un pobre hombre, honrado, franco y leal, que en toda su vida no tuvo que avergonzarse por falta alguna.
—¿Quién salió del castillo de dos horas para acá?
—Lo ignoro, milord; hace dos horas que entregué las llaves a mi segundo, Michael Walden.
—¿Es cierto eso?
—Tan cierto como que sois mi amo y señor.
—¿Quién salió mientras estabas tú de guardia?
—Halbert, el joven caballerizo; me dijo: «Milady está enferma y tengo órdenes de ir a buscar a un médico».
—¡Un complot! —gritó el barón—. Te mintió: Christabel no estaba mala; Hal salía para preparar su fuga.
—¡Cómo! ¿Milady os ha dejado, señor?
—Sí, la ingrata ha abandonado a su anciano padre, y tu hija se ha ido con ella.