Robin Hood
Robin Hood Inmediatamente apareció un jinete sobre un caballo que franqueaba todos los obstáculos, fosos, árboles caÃdos, matorrales y setos, a una velocidad fantástica; este jinete, al que seguÃan con trabajo otros cuatro hombres a caballo, estaba acurrucado más que sentado sobre el fogoso animal: habÃa perdido su sombrero, y sus largos cabellos sueltos, ondeando al viento, daban a su cara, atemorizada, un aspecto extraño y diabólico; rozó los arbustos en los que se habÃa escondido el pequeño grupo, y Pequeño Juan vio una flecha en la grupa del caballo.
El jinete desapareció en las profundidades del bosque seguido por sus cuatro hombres.
—¡Que el cielo nos proteja! —dijo Maude—. ¡Es el barón!
—Y si no me engaño, la flecha que sirve de timón a su animal proviene del carcaj de RobÃn —añadió Will—. ¿Qué dices, primo Pequeño Juan?
—Soy de tu opinión, Will, y deduzco que RobÃn y la dama están en peligro. RobÃn es demasiado prudente para prodigar sus flechas si no se ve obligado a ello; démonos prisa.
Unas palabras para explicar la desagradable situación del noble Fitz-Alwine, muy buen jinete por otra parte, no vendrán mal.