Robin Hood
Robin Hood Repentinamente, en medio de estos pensamientos, el caballo del barón se encabrita, baja las caderas, tuerce el lomo, tira coces y sacude frenéticamente al viejo guerrero, que aguanta e intenta controlarlo como hacía antaño con los indomables corceles árabes. ¡Vanos intentos! el hombre y el animal no se entienden; Fitz-Alwine permanece tan firme en la silla como la flecha recién disparada en la grupa del caballo, y el corcel y las ilusiones del barón se desbocan y emprenden por el bosque esa carrera desenfrenada, loca, fantástica, que les hace pasar cerca de Allan y les lleva no se sabe dónde.
¿Qué ocurrió con el barón? No nos atreveríamos a contar el acontecimiento que puso punto a esta carrera, tan extraordinario y maravilloso es, pero las crónicas de la época garantizan su autenticidad. Así fue:
Los soldados perdieron pronto de vista al barón, y con toda seguridad hubiese llegado a través de toda Inglaterra hasta el océano si el animal, al pasar bajo un roble a cuyos pies se hallaba un tronco de árbol, no hubiese tropezado.