Robin Hood
Robin Hood —¿Por qué te inquietas, RobÃn? —preguntó Will acercándose al joven para no apartarse de Maude.
—Tengo serios motivos para inquietarme: un sargento del barón Fitz-Alwine me ha dicho que habÃa incendiado esta mañana la casa de mi padre y que habÃa arrojado a mi madre a las llamas.
—Por mi alma —gritó el monje Tuck—, mirad…
En efecto, Hal llegaba a galope tendido sobre el más hermoso caballo de las cuadras del barón.
—Mirad, amigos mÃos —gritó orgullosamente el muchacho—, aunque he estado separado de vosotros también me he batido; he ganado el mejor animal de todo el condado.
RobÃn sonrió al reconocer el corcel del barón, el que le habÃa servido de blanco.
Deliberaron.
En esta época en que los grandes poseedores de feudos obraban como soberanos de sus vasallos, guerreaban con sus vecinos y se dedicaban al pillaje, al bandolerismo, al crimen, bajo pretexto de ejercer sus derechos de justicia, terribles luchas se entablaban entre dos castillos, entre dos pueblos, y, acabada la batalla, vencedores y vencidos se retiraban, listos para empezar de nuevo a la primera ocasión favorable.