Robin Hood

Robin Hood

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Entonces, adiós, señor Allan —dijo Robín inclinado con tristeza sobre el herido—; nos volveremos a ver.

Allan sólo pudo responder con una débil sonrisa.

Mientras que los robustos brazos de los Gamwell transportaban lentamente al «hall» al pobre Allan Clare, Robín, devorado por la inquietud, se acercaba rápidamente hacia la casa de su padre adoptivo.

Al entrar en el valle que conducía a la casa de Gilbert, los dos jóvenes comprobaron con terror la horrible verdad de las palabras de Lambic. Una espesa nube de humo subía todavía por encima de los árboles, y el acre olor del incendio impregnaba la atmósfera.

Robín lanzó un grito de desesperación y, seguido por Pequeño Juan, no menos apenado, se lanzó corriendo hacia la avenida.

A pocos pasos de los negros escombros, en el mismo sitio en que la víspera la alegre casa sonreía por sus ventanas iluminadas, el pobre Gilbert estaba arrodillado y sus manos apretaban convulsivamente las frías manos de Margarita, tendida ante él.

—¡Padre, padre! —gritó Robín.

Una sorda exclamación se escapó de los labios de Gilbert; luego dio algunos pasos hacia Robín y cayó llorando en los brazos del joven.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker