Robin Hood
Robin Hood Rara vez detestan las mujeres al hombre que las ama, y cuando encuentran su corazón fiel de verdad, dan parte del amor que inspiran. Cada día alumbró una atención, una gentileza, una amabilidad de Will, todas teniendo por fin y recompensa la alegría de Maude. Y por fin llegó el que esta ruidosa ternura, mezclada de pasión, respeto y platonismo, hiciese nacer en el corazón de Maude una viva gratitud.
El corazón de Maude no era de los que exigen una fidelidad tan prolongada, pues su corazón era bueno, tierno y abnegado. William sabía esto y esperaba que una mañana, en su milésima declaración de amor, Maude le tendiese su blanca mano, su frente tan pura, y dijese al fin: «William, te amo».
Amada por la familia Gamwell, adorada por Will, deseosa de complacer a todos, por fin Maude se inclinó hacia el joven, pero había rechazado tan a menudo las ofertas de su amor que, sintiendo el deseo de responder a ellas, no sabía ya cómo obrar.
Así estaban las cosas en 1182, seis años después del asesinato de la pobre Margarita.