Robin Hood
Robin Hood —EnvejecerÃamos sin ninguna pena si se desvelara el misterio de tu nacimiento.
—¿Nunca habéis vuelto a ver al valiente soldado que me confió a vos?
—No he vuelto a verlo jamás, y sólo una vez recibà noticias suyas.
—Quizá ha muerto en la guerra.
—Quizá. Un año después de tu llegada, recibà por medio de un desconocido mensajero un saco de dinero y un pergamino sellado con lacre, pero cuyo sello no tenÃa armas. Entregué el pergamino a mi confesor, y éste lo abrió revelándome el contenido siguiente, palabra por palabra: "Gilbert Head: Hace doce meses puse un niño bajo tu protección, y contraje contigo el compromiso de pagarte una renta anual por tus esfuerzos; aquà te la envÃo; me marcho de Inglaterra e ignoro cuándo regresaré. En consecuencia, he tomado las disposiciones necesarias para que todos los años cobres la suma debida. Por tanto, sólo tendrás que presentarte el dÃa del vencimiento en la oficina del «sheriff» de Huntingdon, y allà te pagarán. Educa al muchacho como si fuera tu propio hijo; a mi regreso vendré a reclamártelo". Ni firma, ni fecha. ¿De dónde venÃa aquel mensaje? Lo ignoro. Pero si hemos de morir antes de que aparezca el desconocido caballero, una gran tristeza envenenará nuestra última hora.
—¿Cuál es esa gran pena, padre?