Robin Hood
Robin Hood —La prudencia lo exige, querida Maude; una palabra de más podrÃa ser peligrosa. Los soldados… ¡Oh, estoy loco… loco de amor por vos, Maude! He aquà la verdad: Pequeño Juan, RobÃn y yo vamos a recorrer el bosque. Antes de partir quise despedirme, despedirme tiernamente, pues quizá no vuelva a tener la dicha de… Digo chiquilladas, Maude, sÃ, chiquilladas. Vine a deciros adiós porque me es imposible alejarme del «hall» sin estrecharos las manos; esto es cierto, Maude, completamente cierto, os lo aseguro.
—¿Me amáis de verdad, Will?
—¿Qué tengo que hacer para probároslo? ¿Qué hay que hacer?, decÃdmelo… Deseo demostraros que os amo con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas, deseo demostrároslo porque aún no lo sabéis.
—William, William, ¿dónde estás? —dijo de pronto una voz fuerte y sonora.
—Me llaman, Maude, adiós. Que la Virgen MarÃa vele por vos, ¡que su divina protección os preserve de todo mal! Sed feliz, Maude; pero si no me volvéis a ver, si no regreso, pensad de vez en cuando en el pobre Will, pensad en el que os ama y os amará siempre.