Robin Hood
Robin Hood —¿Por qué razón hablas asÃ, amigo mÃo? —dijo Pequeño Juan, que, silenciosamente, salió de su escondite y sujetó las bridas del caballo.
Algo sobresaltado, el desconocido dijo:
—Antes de contestar quisiera saber el nombre del que detiene a un hombre apacible e inofensivo, el nombre del que suma a este método de bandolero la impudicia de llamar amigo suyo a un hombre que es muy superior a él —añadió orgullosamente el extraño.
—Sabed, señor clérigo de Copmanhurst, pues el ruidoso griterÃo de vuestros cantos me reveló vuestro nombre, que habéis sido detenido, no por un bandolero, sino por un hombre difÃcil de intimidar y que está por encima de vos a una altura igual que la que os da por un momento vuestro caballo —respondió frÃamente el sobrino de sir Guy.
—Sabed, sir perro del bosque, pues la groserÃa de vuestros modales me revela vuestro nombre, que preguntáis a un hombre poco acostumbrado a responder a las preguntas inoportunas, a un hombre que os apaleará si no soltáis inmediatamente las bridas de su caballo.
—La fuerza se os va por la boca —contestó el joven en tono burlón—, y responderé a vuestras amenazas presentándoos a un joven guardabosque que os hará pedir gracia con vuestro propio bastón.