Robin Hood
Robin Hood —¡Entonces triunfaremos! —exclamó el monje haciendo girar su bastón con entusiasmo.
—¿Qué camino habéis seguido hacia el bosque, reverendo padre? —preguntó Pequeño Juan.
—El de Mansfield a Nottingham, endeble amigo —contestó el monje—. Verdaderamente no perdono a mis ojos su ceguera, y os doy la mano de todo corazón, mi querido Pequeño Juan.
El sobrino de sir Guy respondió con afecto a las amistosas cortesÃas del monje.
—¿No habéis encontrado en vuestro camino a una cabalgada militar? —preguntó el joven.
—Un grupo de hombres llegados de Tierra Santa se reponÃa en una posada de Mansfield, pero este grupo, disciplinado según parece, está compuesto por hombres medio muertos de fatiga y privaciones. ¿Creéis que forme parte del cortejo que acompaña al barón Fitz-Alwine?
—SÃ, pues esos cruzados esperados en el castillo de Nottingham son hombres suyos. Asà pues, pronto nos encontraremos con los ilustres personajes. Monje Tuck, hay que desaparecer en la espesura o tras un tronco de árbol.
—En seguida, pero ¿dónde colocar a esta obstinada yegua? Tiene tantos defectos como una mu… ¡Chisst!… Sin embargo estoy ligado a ella.
—Voy a llevarla a un abrigo seguro; confiádmela y escondeos.