Robin Hood
Robin Hood Robín se divirtió durante unos instantes desgarrando con sus flechas las hojas que escogía con la vista en la cima de los árboles más altos; luego, cansado de este juego, se echó sobre la hierba a la sombra de un claro.
Un prolongado roce en el follaje y los crujidos precipitados de la maleza vinieron a turbar los pensamientos de nuestro joven arquero; levantó la cabeza y vio a un gamo asustado que atravesaba la espesura, se lanzaba a través del claro y volvía a desaparecer en las profundidades del bosque.
El instantáneo proyecto de Robín fue tomar su arco y perseguir al animal; pero, por instinto de cazador o por casualidad examinó el lugar por donde éste había salido, y vio a cierta distancia a un hombre acurrucado tras un montículo, que dominaba el camino; desde su escondite el hombre podía ver sin ser visto todo cuanto pasaba por el sendero, y esperaba ojo avizor, con la flecha preparada.
De pronto el bandido o cazador disparó una flecha en dirección al camino y se levantó a medias como para saltar sobre su blanco; pero se detuvo, profirió un enérgico juramento, y volvió a ponerse al acecho con una flecha en su arco.
Aquella nueva flecha fue seguida, como la primera, de una odiosa blasfemia.