Robin Hood
Robin Hood —¡Muerto el digno Gilbert! —dijo Hal entre lágrimas—. ¡Dios mÃo!
Un instante de silencio dejó a los jóvenes absortos en un común dolor. Grace ya no sonreÃa; estaba afligida por la pena de Hal y la desesperación de RobÃn.
—¿Y Will cayó en manos de los soldados del barón? —dijo Hal a fin de llevar de nuevo los pensamientos de RobÃn hacia la suerte de su amigo.
—Sà —respondió RobÃn—, y he venido a encontrarte, mi querido Hal, con la esperanza de que nos ayudéis a entrar en el castillo. No me alejaré de Nottingham hasta que no haya liberado a Will.
—Cuenta conmigo, RobÃn —respondió con viveza el joven—, haré todo lo que esté en mi mano para ayudaros en esta dolorosa circunstancia. Vamos a ir al castillo; me será fácil hacerte entrar allÃ; pero una vez dentro, tendrás que cuidar de ti mismo, tener paciencia y mostrarte prudente. Desde que el barón regresó la vida es un verdadero infierno para nosotros; grita, jura, va, viene, y nos abruma con su presencia.
—¿Ha vuelto con él lady Christabel?
—No, sólo ha venido su confesor; los soldados que le acompañaron son extranjeros.
—¿No sabes nada de la suerte de Allan Clare?