Robin Hood
Robin Hood —Soy un amigo de Geoffroy; querÃa llegar a la muralla oeste y me perdÃ. -¡Vaya! —exclamó el viejo, y una extraña sonrisa entreabrió sus labios—; ¿sois amigo de Geoffroy el Fuerte, del valeroso Geoffroy? Escuchadme, hermoso campesino, pues sois verdaderamente el muchacho más hermoso que haya visto en mi vida; ¿queréis cambiar vuestro traje de campesino por un uniforme de soldado? Soy el barón Fitz-Alwine.
—¡Ah!, ¿sois el barón Fitz-Alwine? —dijo Pequeño Juan.
—SÃ, y os felicitaréis algún dÃa, si tenéis el buen sentido de aceptar mi proposición, por haberme encontrado.
—¿Veis esto? —preguntó el joven mostrando al barón una ancha tira de piel de ciervo.
El viejo se contentó con responder a esta inquietante pregunta mediante un signo afirmativo.
—Escuchadme con atención —continuó Pequeño Juan—; tengo algo que pediros, y si con cualquier pretexto me lo negáis, os colgaré sin misericordia del mueble grande que veo allá. Nadie vendrá al oÃr vuestros gritos por una sencilla razón: os impediré gritar. Tengo armas, una voluntad de hierro, un valor igual a mi voluntad, y tengo fuerzas suficientes para impedir a veinte soldados la entrada a esta habitación. En todo caso, entended que sois hombre muerto si no me obedecéis.