Robin Hood
Robin Hood «¡Miserable bribón! —pensaba el barón—, te haré revolcarte a golpes si logro escapar de tus manos».
—¿Qué deseáis, valiente guardabosque? —preguntó Su SeñorÃa con voz melosa.
—Quiero la libertad…
En aquel momento, se oyeron unos rápidos pasos en el pasillo, y un violento golpe estremeció el jambaje de la puerta. Pequeño Juan sacó de su cinturón un cuchillo de afilada hoja, agarró al débil anciano y le dijo en voz baja y en tono amenazador:
—Si dais un grito, si decÃs una palabra peligrosa para mi seguridad, os mato. Preguntad quién llama.
El barón, asustado, obedeció con presteza.
—¿Quién es?
—Soy yo, señor.
—¿Quién eres tú, imbécil? —susurró Pequeño Juan.
—¿Quién eres tú, imbécil? —repitió el barón.
—Geoffroy.
—¿Qué quieres, Geoffroy?
—Tengo que daros una importante noticia, señor.
—¿Qué noticia?
—Tengo en mi poder al jefe de los bellacos que atacaron a los vasallos de Vuestra SeñorÃa.