Robin Hood
Robin Hood —El primer encuentro —respondió Fitz-Alwine con amargura—, tuvo lugar en un sitio que debÃa estar prohibido a ese vagabundo sin pudor. Le encontré en el aposento de mi hija, sobre las rodillas de lady Christabel. Aquella misma tarde, mi hija entraba en un convento; al dÃa siguiente tuvo la audacia de presentarse ante mà y pedirme la mano de mi hija. Hice que le echaran mis hombres; desde entonces no le he vuelto a ver, pero me he enterado de que se habÃa puesto al servicio del rey de Francia.
—¿Por propia voluntad? —preguntó Juan.
—SÃ, a fin de cumplir las condiciones de un pacto acordado por nosotros.
—¿Qué pacto? ¿A qué se ha comprometido Allan? ¿Qué le habéis prometido?
—Se ha comprometido a rehacer su fortuna, a entrar en posesión de sus tierras, confiscadas a causa del apego de su padre por Tomás Becket. Le prometà la mano de mi hija si permanecÃa alejado de ella durante siete años y no intenta verla. Si falta a su palabra dispondré de lady Christabel como crea conveniente.
—¿En qué fecha tuvo lugar este pacto?
—Existe desde hace tres años.
—Está bien. Ahora ocupémonos de los prisioneros. Vamos a ponerles en libertad.