Robin Hood
Robin Hood El pecho del barón encerraba un verdadero volcán; ardÃa. Sin embargo, su pálido rostro no revelaba nada de los siniestros proyectos que ocupaban su espÃritu. Antes de seguir a Pequeño Juan cerró con doble llave su precioso cofre, se aseguró de que no dejaba ningún indicio de sus ricos tesoros, y dijo al joven en tono benevolente:
—Venid, valiente sajón.
Pequeño Juan no era de los que seguirÃan ciegamente el itinerario que eligiera el barón, y le fue fácil darse cuenta de que lord Fitz-Alwine tomaba una dirección opuesta a la que habÃa que seguir para ir a las murallas.
—Señor barón —dijo poniendo su robusta mano sobre el hombro del viejo—, seguÃs un camino que nos aleja de nuestro objetivo.
—¿Cómo lo sabéis? —preguntó el barón.
—Porque los prisioneros están encerrados en los calabozos de las murallas.
—¿Quién os ha informado as�
—Geoffroy.
—¡Ah, el bribón!