Robin Hood
Robin Hood —¡Atrás! —gritó Pequeño Juan intentando rechazar al protector del barón—, ¡atrás!
—¡Y bien! Pequeño Juan —dijo una voz conocida—, ¿es que la cólera os ciega hasta tal punto que no conocéis a vuestros amigos?
Pequeño Juan lanzó un grito de sorpresa.
—¡Cómo! ¿Eres tú, RobÃn? ¡Vive Dios! he aquà un azar por el que deberá felicitarse este traidor, porque de no ser por esto, habrÃa llegado su última hora, lo juro.
—¿Quién es el desdichado al que perseguÃs asÃ, mi buen Juan?
—¡El barón Fitz-Alwine! —musitó Halbert al oÃdo de RobÃn intentando disimularse tras el joven.
—¡El barón Fitz-Alwine! —exclamó RobÃn—. Estoy verdaderamente encantado de este encuentro, me va a permitir dirigirle algunas preguntas de la mayor importancia para personas a las que amo.
—Podéis ahorraros el trabajo de interrogar a Su SeñorÃa —dijo Pequeño Juan—; supe por él todo lo que deseaba saber, en primer lugar sobre la suerte de Allan Clare, después sobre la situación de nuestros amigos; están encerrados aquÃ.
—Al prometeros poner en libertad a nuestros amigos, os engañaba, buen Juan: nuestros queridos amigos iban hacia Londres mientras que nosotros comÃamos en la posada.