Robin Hood
Robin Hood Lord Fitz-Alwine obtuvo una audiencia de la justicia de Enrique II, y expuso al rey, exagerándolas, las causas de quejas contra Robín Hood. Este nombre atrajo poderosamente la atención del príncipe; pidió nuevas explicaciones y se enteró de que este mismo Robín Hood era quien había reivindicado sus derechos al título y a los bienes del último conde de Huntingdon, pretendiendo descender por línea directa de Waltheof, a quien Guillermo I había concedido el condado de Huntingdon. La demanda de Robín Hood, como ya sabemos, había sido rechazada, y su adversario, el abad de Ramsay, había permanecido en posesión de la herencia del joven.
Al descubrir que el agresor del barón no era otro que el pretendido conde de Huntingdon, el rey montó en cólera, y condenó a Robín Hood a la proscripción. Además decretó que la familia Gamwell, protectora de Robín Hood, sería despojada de sus bienes y expulsada de su territorio.