Robin Hood
Robin Hood El joven se volvió y vio a miss Maude sumida en llanto.
—Querido RobÃn —dijo la joven—, deseo hablaros antes de dejar el «hall». ¡Ay! ¡Dios mÃo! ¡Quizá no nos volvamos a ver!
—Querida Maude, calmaos, os lo ruego, y no os dejéis dominar por el sufrimiento de un pensamiento tan triste. Pronto volveremos a reunirnos, os lo juro.
La joven, con la cabeza entre las manos continuó llorando.
—Vamos, Maude, ¡valor! ¿Qué significa esta desesperación? ¿Qué tenéis que confiarme? Os escucho, hablad sin temor.
Maude dejó caer sus manos, levantó los ojos, intentó sonreÃr y dijo:
—Sufro mucho… pienso en una persona que sólo ha tenido para mà bondades, cuidados, atenciones…
—Pensáis en William —interrumpió Robin.
La joven enrojeció.
—¡Bien! —gritó RobÃn—. ¡Oh!, querida Maude, amáis a ese gran muchacho, ¡bendito sea Dios! DarÃa todo el mundo por ver a Will junto a vos. SerÃa tan feliz oyéndoos decir: «William, os amo»…