Robin Hood
Robin Hood Maude intentó negar que amaba a Will tanto como imaginaba Robín, pero tuvo que aceptar que, a fuerza de pensar en el joven, había llegado a sentir por él un sentimiento de vivo cariño. Tras esta confesión tan penosa de hacer para Maude, sobre todo a Robín, la joven preguntó sobre la ausencia de William.
Robín respondió que esta ausencia, obligada por un importante asunto, no tenía nada de inquietante, y que en pocos días Will estaría de nuevo entre su familia.
Esta cariñosa mentira devolvió la calma y la serenidad al corazón de Maude; tendió a Robín sus mejillas mojadas por las lágrimas y, tras recibir su fraternal beso, se apresuró a bajar a la sala.
Por su parte, Robín entró en el aposento de Mariana.
—Querida Mariana —dijo Robín tomando entre las suyas las manos de la joven—, estamos a punto de separarnos, y quizá por largo tiempo. Permitidme, antes de dejaros, hablar de corazón a corazón con vos.
—Os escucho, querido Robín —contestó afectuosamente la joven.
—¿Sabéis, Mariana —dijo el joven con voz trémula—, que os amo con toda mi alma?
—Vuestros actos me lo prueban diariamente.