Robin Hood
Robin Hood —¡Sajones! Hoy habéis demostrado que sois dignos de llevar este noble nombre; pero ¡ay!, a pesar de vuestra valentÃa, los normandos han conseguido su propósito: han quemado vuestras casas, han hecho de vosotros unos desterrados. Vuestra estancia aquà es imposible desde ahora; pronto rodeará estas ruinas una nueva tropa de soldados, debéis alejaros. Aún nos queda un medio de salvarnos: el bosque nos ofrece asilo. ¿Quién de vosotros no ha dormido sobre la hierba del bosque y bajo el arroyo ondulante de las verdes hojas de sus grandes árboles?
—¡Vamos al bosque! ¡Vamos al bosque! —gritaron varias voces.
—SÃ, vamos al bosque —repitió Juan—; allà viviremos juntos, trabajaremos los unos para los otros; pero para que nuestra dicha pueda apoyarse en la seguridad de una constante armonÃa, debéis daros un jefe.
—¿Un jefe? Entonces serás tú, Pequeño Juan.
—¡Viva Pequeño Juan! —gritaron los vasallos al unÃsono.
—Mis queridos amigos —dijo el joven—, os agradezco infinitamente el honor que queréis hacerme, pero no puedo aceptar. Permitidme presentaros al que es digno de estar a vuestro frente.
—¿Dónde está?