Robin Hood
Robin Hood —Un noble joven, ¿verdad, Mariana? —dijo el caballero a su acompañante—. Un muchacho encantador, y el más hermoso guardabosque inglés que yo haya visto jamás.
—Es muy joven aún —contestó ella.
—Y probablemente mucho más de lo que podrÃa parecernos por su alta estatura y el vigor de sus miembros. No podéis haceros una idea, Mariana, de lo que favorece el desarrollo de nuestras fuerzas la vida al aire libre y cómo conserva nuestra salud; no ocurre asà en la atmósfera asfixiante de las ciudades —añadió el caballero suspirando.
—Creo, señor Allan Clare —replicó la joven dama con fina sonrisa—, que vuestros suspiros tienen mucho menos que ver con los verdes árboles del bosque de Sherwood que con su encantadora dueña, la noble hija del barón de Nottingham.
—Tenéis razón, Mariana, hermana querida, y, lo confieso, preferirÃa, si la elección dependiera de mi voluntad, pasar mis dÃas en estos bosques, viviendo en la choza de un «yeoman» y teniendo como mujer a Christabel, a sentarme en un trono.
—¡Sss! ahà está la choza —dijo Mariana interrumpiendo a su hermano.